martes, 4 de diciembre de 2012

Enroque

El viernes decidimos con Laura que Jauja fue desbancado por Rapa Nui!
Ese lugar es impresionante. Supera algunos de los problemas de Jauja. Sus gustos son raros pero comprensibles. Debajo de cada uno, dice sus componentes.
Perfecto. La atención paciente y correcta.
Vayan, disfruten!


lunes, 3 de diciembre de 2012

empático volví al Blog. Nani, zona norte


Y un día volví al blog. El ínterin no estuvo vacio de helados sino que simplemente los lugares comunes son a los que arribo. Nona Bianca los viernes a las 4 cuando el Delivery llega a la oficina. Freddo caminando por la calle, persicco antes de inglés. Nada nuevo bajo el sol por estos tiempos. Pero el sábado llegó el fin.
Mediodía, almuerzo donde festejamos el cumpleaños de Mariano. La persona que cuando cumple años o lo hago  yo, el saludo está seguido de un hace XX años que nos conocemos. Esta vez, fueron 30 años.
Luego con Fer y Miri a firmar su contrato de alquiler para su casa de verano donde Iván seguira expandiéndose. Los amigos de toda la vida son así, uno está presente en lugares donde nunca estaría sin ellos. Espacios que uno rechaza pero cuando ve la felicidad en la cara de los otros, precisamente en esos espacios, la empatía aparece inmediatamente.
Bueno, luego de firmar su contrato fuimos a festejar a la heladería que queda justo pegado a ese barrio cerrado. La verdad es que por más que su cartel exponga su larga trayectoria, algo así como 70 años, no creía que Nani iba a ser una heladería buena. No confiaba. Igual pedí un cuarto porque el clima invitaba a comer mucho helado. Los gustos: dulce de leche granizado, chocolate blanco y frutilla imperial (con naranja).
El dulce de leche (acabo de caer que no me lo dieron granizado) no era malo pero no era fiel a los que a mi me gustan. Un dulce de leche presente, sabroso y con pedacitos de chocolate. Por lo contrario, era suave, marroncito y sin chocolate.
El chocolate blanco, magnífico. Sabroso, no empalagoso pero con suficiente manteca y con gusto a chocolate blanco. Pedacitos que se derretían en la boca.
La frutilla aceptable, rica, buena compañera de los otros dos gustos.
Nos fuimos, felices, bajo el sol con un helado en la mano y yo con una excusa para volver al blog.

jueves, 1 de noviembre de 2012

El helado y la política II. Mi visión

PJ: Crema Americana. Va con todo. Le podes poner castañas y se elitiza, le podes poner dulce de leche y nacionaliza. La podes dejar solo y es peronismo de perón. Le podes poner chips de chocolate y es lo mismo que el peronismo pero con pequeños cambios.

UCR: Sambayón: Es histórico, viejo. Intenta modernizarse y lo hacen más copado, pero no deja de ser, nunca, sambayón. Tiene un gusto claro y típico. No logra modernizarse.

Frente Amplio. Chocotorta o cualquier moderno con base histórica. Tiene una base clara, histórica, se le intenta sumar cosas modernas pero no consigue ser un gusto típico ni identificable.

Proyecto Sur: Pistacho. Viejo, color verde, nunca se modernizó. Es seco.

PO: Frutilla. Histórico. Internacional. Rojo. Gusto que no se moderniza.

PRO. Banana Split. Noventoso. Republicano de los de USA.  

domingo, 28 de octubre de 2012

helado y política

Hoy caminamos por la calle. Muchísimas cuadras. Un domingo como hace un año que no vivimos. Relax.
En un determinado momento antes de cruzar Santa Fe, se me ocurre preguntar: "qué gusto serían los partidos políticos de Argentina?"
Uds. qué piensan lectores/as anónimos/as?
En los próximos días, pondré mi opinión.

viernes, 26 de octubre de 2012

Una flor en Villa Crespo


Villa Crespo, es sin duda, un espacio en crecimiento. Sus lugares van cambiando al ritmo de la maduración. Las plazas se vuelven más lindas, los bares se transforman. Restorancitos que se convierten en espacios especiales. Bares de tapas y vermú de los cuales uno se vuelve seguidor,  puristas y new Yorker, otros. Otros que se quedan viejos, que tienen ese gusto a la nostalgia. Que ponen fotos de sus familias en la paredes. Yo paso por todas estas transformaciones. Ayer, luego de una tarde de amistad 1001 con Fede (algún día hablaré del significado que tiene ese número en mi vida), un té, un campari, charla profunda, tonta y revisionista sobre los recorridos, me fui a buscar a Laura que salía de análisis (como me gusta que la gente haga terapia). El destino era un lugar muy chiquito que queda en Castillo 50, en la república de Villa Crespo. Lugar donde suponíamos vendían comida cubana. Nos sentamos y vemos la carta. Comida de todos los pueblos dicta en letras verdes. De India, Marruecos, Brasil, Cubana, Venezuela, Irlanda, etc. Su dueña, según las paredes que cuelgan diarios, es antropóloga y chef. Representa la cultura de los pueblos y sus sabores. Comimos muy bien, cansados partimos a una heladería del barrio. La Flor de Almagro. Ninguno de los dos la recordábamos muy buena pero yo quería probarla.
Es un espacio quedado en el tiempo, sus maderas que recubren las sillas y el mostrador. Una foto de la vieja familia que en blanco y negro construía su heladería. Los vecinos eran habitúes y charlaban sobre los primos del heladero. Pedimos un cuarto para compartir: dulce de leche granizado, chocolate blanco y sambayón italiano. Al mismo tiempo, escucho que el heladero cuenta que hizo un gusto que para el era espectacular. Alfajor: dulce de leche con alfajor Havana. Le pido de probarlo porque sabía que el cuarto ya estaba listo. Una pena, pienso. Al probarlo, no lo pienso, lo siento en el alma. El mejor gusto de alfajor que alguna vez probé. Impresionante. Tiré indirectas para ver si me ponía un poco en mi cuarto. Algo así como: “que bajón que ya me lo sirvieron, hubiese pedido esto”. Pero nada       
El dulce de leche granizado estaba hecho ayer, según me dijo, y era increíblemente rico. Un sabor típico de heladerías viejas. Amargo y con chocolate granizado.
El sambayon, la especialista dijo que muy bueno. Yo lo comí pero no me pareció nada de otro mundo. El chocolate blanco, grandioso. Se notaba que se trataba de eso y lo demostraba con sus pedacitos crocantes.
Nos vamos, mañana será otro día. Taxi a casa. Felices. 

martes, 23 de octubre de 2012

Adolescencia perdida

No no voy a ponerme a hablar de los valores de la juventud, a eso fui llamado el otro día en un examen de inglés sino del gusto por el helado de los adolescentes. Voy a ser sincero, de dos adolescentes en particular, tal vez los únicos con los que tengo contacto fluido. Mis sobrinos, K y B.
Desde que tengo el blog y me divierto en él, contando mis avatares cotidianos, ellos me dicen que la heladería de su barrio es sin duda de las mejores. Que precio, calidad y no sé qué otras tantas cosas. Yo les respondo que no recuerdo que sea tan buena, dado que antes que ellos tengan juicio cierto sobre los sabores, era yo el que los llevaba a las heladerías y a esa en particular porque eran muy chicos. Ahí pedían Dulce de Leche con Vainilla. Yo le decía que el segundo era el gusto más aburrido y pobres solo para no contradecirme, pedían, algunas veces, Banana Spit.  Bueno, esa heladería se llama Modena y ahora es una cadena.
El jueves, mi sobrino mayor me pidió un favor, le dije que sí pero si cuando venía para mis lados, me traía helado de ese lugar. Así lo probaba nuevamente. Le dije: dulce de leche granizado, chocolate blanco y el que él quiera. El quiso Lemon Pie-cómo cambian los tiempos!-
Vino a casa, antes de irme a dormir, lo comí. No todo porque no andaba con ganas de un cuarto. Lo probé y confirmé: la adolescencia está perdida. Me dije como un tío judío culpógeno: "qué habré hecho mal para que me digan que este es el mejor helado". Es realmente malo. El dulce de leche, no tiene gusto a dulce de leche antiguo, ni moderno. El chocolate blanco, si no me decían que era eso, pensaba que era crema americana. El Lemón Pie, el mejorcito de los tres, aunque claro que nunca saldría de mi boca frente a un heladero por temor a que termine en mi pote.
Puedo decir, entonces, que nunca más podré escuchar cuando me dicen que prefieren ese helado a otros, qué-desafiando mi autoridad heladera- no entiendo nada, qué no sé qué cosa. La cuestión es: son muy inteligentes pero su inteligencia, decididamente, no está depositada ahí.


viernes, 7 de septiembre de 2012

un recorrido verborrágico



Hace un mes que no escribo en el blog. No es un mes sin helado sino un mes sin escritura. Han pasado muchas cosas, muchos manjares, conocidos y desconocidos. Comí reirteradas veces La Nonna Bianca en el trabajo, Freddo por donde quiera que ande y Persicco cuando pasaba por algún local.
La semana pasada, un amigo me dijo que estaba melancólico. Rasgo que creo que me caracteriza, no nostálgico sino melancólico. Ver el pasado y recordar, reír o incluso llorar. Mi sobrino mayor, que tiene 20 años, se acercó a mi nuevo trabajo. El objetivo: que se entrevistará con una compañera que estudio sociología para analizarla como posible carrera que sustituya la presente-arquitectura-. Luego, nos fuimos a almorzar. Charlamos de todo, de lo difícil que es decidir una carrera, de lo complicado que es no ganar un sueldo pero la importancia de estudiar si es que le gusta. Ese adulto alguna vez fue mi primer sobrino. Hace 20 años.  Cuando íbamos a almorzar detecté una heladería que no conocía frente al parque Lezama. Su nombre Florencia. Suponía que estaba cerrada por el horario. Decidí que en la semana volvería. A los pocos días fui. El jueves de la semana pasada. Para ir me desvié 5 cuadras de mi recorrido al colectivo. Estaba cerrada nuevamente. Caminé 8 hasta otro colectivo que me acercara a mi casa. Decidí bajar en un lugar para tomarme otro transporte, no sin antes caminar suponiendo que por la avenida José María Moreno y Asamblea debía haber un local. Caminé 10 cuadras y nada. De pronto recuerdo que había un Faricci cerca. Fui y elegí un vaso mediano. Cometí un error garrafal, un error de principiante. Pedir Dulce de Leche con Dulce de leche natural y bombones. Es un gusto que no puede ser comido sino se quiere morir de hipoglucemia. Chocolate blanco era su compañero. Ambos dulces a más no poder. Ambos hicieron que me empalague como nunca antes. Un vaso mediando de 18 pesos que no merecía ser comido.

El domingo salí con L a caminar por el barrio en busca del local que, vuelve loco a todos, Farmacity (uno entra a comprar algo y sale con dulces-uno entra con dolor de muela a comprar un calmante y sale con una golosina, ridículamente capitalista). Crucé la calle y fui a una heladería que solíamos ir mucho. Venezia (San Martín y Gaona) pero que dejamos de concurrir porque el heladero sistemáticamente me maltrataba y no era tan bueno como para pasar por esa situación. Pedimos un cuarto: dulce de leche granizado, chocolate blanco y frutilla a la crema. El recuerdo era peor el que gusto actual. A mi me gustó, a L no tanto. Por surte me lo comí casi entero. El dulce de leche era el mejor de los tres. Recomendable para los del barrio.
Martes de esta semana.  Cena en lo de Miri y Fer. 10 cuadras de casa por Honorio Pueyrredón. En el medio, a cinco, descubro que la heladería Berna-una histórica barata del barrio- no se llama más así sino Imperial. Entro para comprar y probar. Me atiende un flaco y le pregunto si cambiaron de dueño, me contesta que sí, “nos lo quedamos nosotros”. Me sincero y le pregunto quién es nosotros. Me contesta, los empleados. En ese mismo instante decidí que sea lo que sea lo voy a calificar bien. Medio kilo de dulce de leche granizado, mascarpone y chocolate blanco. Todos correctos. Muy barato, lo que lo hace más correcto. El dulce de lecha granizado, un poco dulce, sensación de arenoso, como eso que es dulce sin necesidad. Pero recomendable.