viernes, 31 de enero de 2014

El helado y vos

Quien fue mi primer sobrino, hoy tiene 21 años y está viajando por Europa solo y/o amigos/as. Me manda esta foto y me pongo feliz.


jueves, 30 de enero de 2014

El helado, la radio y la pasión

Ayer fue la entrevista en la radio. Fueron quince minutos, más o menos, en los que me reí, hablé de helados como si fuera un elemento transformador del mundo y que hay que tomárselo en serio. Intercambié comentarios con el entrevistador, con preguntas que me hicieron y lo que más me gustaron fueron los mails o comentarios en el blog posteriores. Elogios, insultos, indignación, invitaciones a probar heladerías y lo más lindo historias vinculadas a los helados. Personas a las que simplemente le dieron ganas contarme algo relacionado con su vida y los helados, los gustos, su relación familiar, dónde tomaban de chicos/as, etc. Peleas que se generaron por el helado, por malos entendidos, por los quinotos al whisky (mi nueva pasión, no este gusto sino la bebida, sobre la que empezaremos un curso), por la menta. Guiños con amigos, felicidad en un momento extraño. En fin...seguiré probando helados, compartiendo mis pensamientos y como siempre invito a quien guste a escribir y divertirnos juntos. Gracias por seguirme en este proyecto individual, que nuevamente como todo, se volvió colectivo.

martes, 28 de enero de 2014

El helado plantado

Si un día me levanto a la mañana y pienso en que tengo ganas de comer helado, todo el día pienso en él. Si estoy en una reunión y comienzo a pensar en el helado, transito los pasos posteriores, los caminos que agarré hacia mi próximo destino y repaso las calles, dónde hay una heladería, qué gustos pediré. No hay posibilidad que ese día terminé sin comer helado. En fin, caprichoso me podrían decir, Talibán, tal vez. El asunto es que hace muchísimos años soy así y, aunque terapia, es algo que no me interesa cambiar. Punto.
Hoy, se me prometía el estrellato, más bien, una entrevista en la radio sobre el helado. Cómo lo dije alguna vez, me divierte mucho hablar de eso. Igual o incluso más que de política, derecho, películas, etc.
Sin embargo, solo me queda la sensación de un vaso de helado vacío. Tal como prefijé, a las 9 y pico, se olvidaron de llamarme. La respuesta oficial fue "se me fue el programa....". Me reí, pensé en las personas que estaban escuchando porque les rompí con que nos divertiríamos, las que me iban a molestar porque se divierten con contradecirme en material heladeril. Pensé en la palabra fraca, en el momento en que la "inventamos" con mis amigos, en cuando la usaba con unas amigas, en muchas cosas. Pensé en mi listado de helados que escribí para recomendar. Pensé en el helado y confirmé que hoy comeré uno. Si o si. De capricho, con lluvia, con música de Radiohead, mirando el clima.
Mañana, supongo, se hará la entrevista. Sino, igual, me dará la excusa para comer helado, para pensar en él.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El helado y los prejuicios

Si me sentera a escribir sobre los helados Daniel, no puedo dejar de escribir sobre los prejuicios. Me debería sentar a escribir sobre la zona norte, sobre mis chistes, sobre las perlas, sobre el running, sobre los autos, sobre el Uni y la Pana. Me debería sentar a escribir sobre la diversión y por sobre todo, sobre ciertas personas que hoy son importantes en mi vida pero que no las quise para nada por propiedad transitiva y cada charla inicial estuvo marcada por prejuicios o juicios prematuros.
Me sentaría a hablar sobre tres personas que se ríen de mi neurosis. Una me llama Woody, otras dos leyeron Zeno y veían el personaje en mi. Una de las últimas, con sus amigas, me denomina Little Woody.

Hace pocos en un cena atípica comimos en mi departamento. Les cociné, felices de recibirlas. A las tres personas que no tenía motivos para querer, ni ser amigos. Los prejuicios eran los que se apoderaban de cada charla hasta conocernos. Uno pensaba una cosa, otras otra.
Con el tiempo, nos fuimos conociendo hasta comprarme los cafés que me gustaban para invitarme a merendar. Se reían conmigo, de mi y yo de ellas. Nos reímos. Armaron un equipo que por momentos me invitaba a pasear.
El helado Daniel, deja de desear, es literalmente feo.  No como estas tres personas. Si hablamos de los gustos de la heladería son artificiales. Salvo la crema americana, diría una de ellas, la misma que me atacaría sobre mi rol de catador de helado y mi autoridad sobre ello. Otra me defendería por ser lectora del blog, otra se reiría de la pelea tonta.
Se reían, como siempre, de mi vida woolyanesca, pensarían que soy un loco, que me gustan los helados demasiado, que soy exagerado, que soy un persona. Yo les diría, y Boston????? a cada una de ellas.
En fin, contra todos los pronósticos, comieron helado en mi depto. Las recibí, nos reímos, tomamos y nos reímos más.
En fin, de verdad, a estas tres que prejuzgue, que me prejuzgaron, las invitaría un helado de freddo en mi casa muchas veces

lunes, 25 de noviembre de 2013

Y un día volví al Blog: NYC vs. Argentina

Casi un mes sin escribir en el blog. Sr/Sra Lectora/a no piense que mi cuerpo se despidió del helado. La boca se le haga un lado y si lo piensa y no lo dice, los pensamientos que se hagan a un lado.

Empiezo por el final, como todo ansioso en recuperación. Lo hago pero me doy cuenta, es un avance!

En NYC tomé helados por todos los lados. Siguiendo la recomendación de Gargarella, Grom, logró posicionarse  segunda, detrás de Cones. La heladería perfecta en NYC. Cuando las ganas de dulce de leche  se presentan es un refugio para el alma (qué frase de Victor Hugo, no?).
Luego tomé en otros lado, siempre probando helados mientras que caminaba. Otras veces comíamos twist o snicker helado con mi amiga querida Flor Sotelo, en el Deli cercano.
Comimos en Williamsburg, ese espacio donde "los niños/as bien" son los nuevos jipis. Ese espacio donde la moda es colorida y uno que se viste en el mismo local palermitano hace 10 años, ve los colores como un pajuerano. Donde los marcos de los anteojos, son la moda y uno que ve bien querría ver mal para usarlos porque lo hacen moderno e intelectual, al mismo tiempo. Posmoderno, tal vez. Pero prefiero, no ser posmo, la verdad. No me sale, me encantaría, tal vez, pero no me sale.

Hace un mes llegué a Argentina por diversas cosas. Desde mi desembarco tomé helados todos los días.  Al llegar, comí sand de miga en el auto de mi hna que me fue a buscar al aeropuerto. Deseo que se le cumple a cualquier hermano menos que llega luego de no verse por dos meses.  El primer día fue en una heladería que pasé por callao y córdoba y que me gusta. Luego Persicco, Cadore, el dios Freddo y hoy Rapa Nui!
NYC es una hermosura, un encuentro con la multiplicidad, con la cultura, con el individualismo, con el egoismo en el subte, con la comida étnica pero sin duda no es la ciudad del helado. Si en argentina hubiera una estatua de la libertad, le ponría el helado en la mano. Un cucurucho de freddo para que todo aquel que quiera habitar el suelo argentino, pueda tener derecho a ser feliz!
En fin, NYC tendrá lo suyo (mucho!) pero el helado argentino es un abrazo tranquilizador donde calmar las angustias, donde reírse. Es la felicidad hecha postre!

martes, 17 de septiembre de 2013

Redención, pido, por favor

En un capítulo de los Simpsons hay un dios de los supermercados. Si existiera uno, en general, y de los helados, en particular, le pido perdón. He pecado. Comí Yogurt Helado. 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Helado mata choripan

Me despierto, me voy al muelle a leer. El muelle en el cual ya conozco a los pescadores y nos miramos y movemos la cabeza, para decirnos hola. No estoy concentrado. Me duele la espalda. Vuelve a mi casa a escribir. No me concentro. Veo el pronóstico y dice que va a llover. Digo: me voy antes que llueva, luego voy a estar encerrado y, no voy a poder caminar, mis mínimas 40 cuadras diarias. 
Me tomo el subte, recuerdo que estaba la fiesta de Saint Gennaro, en Little Italy. Pienso en la comida italiana y sobre todo en el helado. Me bajo en la estación correspondiente. Empieza a llover muchísimo. Recuerdo mi teoría sobre los paraguas. Una estúpida teoría moral, con argumentos deontológicos y utilitaristas que hace que me moje cada vez que llueve. Creo que el paraguas es la expresión máxima del individualismo en los días de lluvia. Hay gente que se moja y uno camina así, como si nada. Me molesta que me golpeen con los paraguas, creo no poder dejar de golpear. En cuanto a los utilitarios, es la típica cosa que pierdo cada vez que tengo uno (sí, tuve y supongo tendré). Por otro lado, un poco me gusta mojarme y caminar cuando llueve. Me divierte ir encontrando lugares donde reposar cuando de un golpe cae mucha agua. En fín...camino hacia ese barrio y por suerte deja de llover. Empiezo por el principio de la feria, donde veo que venden unos choripanes gigantes con cebolla, morrones, etc. pero me digo que antes tengo que ver toda la feria para ver con qué me tiento. Recorro y veo helados italianos. Resaltan en todos el pistacho. Llego al final, y recuerdo que tanto el helado como el choripan que más me gustaron son los del inicio. Vuelvo...camino, sabiendo que es imposible que no me sienta mal cuando termine de comer eso. Que tendré que comprar el helado para balancear la grasa picante que comería. Y así fue....comí el choripan de un zarpaso, llamé a fer, mi amigo, y le dije que estaría orgulloso de todo lo que estaba comiendo (como muy poco y él muchooo). Termino de comer, rápido, y pienso que necesito el helado cuanto antes. Que si pasan más de cinco minutos, sería cierto que ese choripan estuvo en mis manos. Voy por el helado, Pido el mediano, cuatro bochas. Cuatro gustos distintos. Sandía, Crema Siciliana, otra crema que decía especialidad y pistaccho. El primero era el que estaba arriba. Lo pruebo, voy al tacho de basura y descarto ese gusto. Era ho-rri-ble. Sigo con los demás, todos tienen el mismo gusto. Igual camino feliz, con el helado en la mano, ya no llovía y me divertía estar ahí, comiendo helado. Veo muchos argentinos, caminando.  El pistacho, sin lugar, el mejor. Tal vez porque tenía otro color y era el único que podía diferenciar.
En fin....no hay helado como el argentino. Hablando de eso....voy a Cones-heladería de un argentino- seguido. Me reconoce, me pregunta por el blog, luego de que le comente sobre el-. El dulce de leche es mágico. Los quinotos al whisky, son buenos pero no lo pido porque te cobran dos dólares más porque están hechos con Johnnie Walker etiqueta negra. Me indigna, pero no le digo nada porque cada vez que voy charlamos y quiero ser su amigo!
En fin...seguí caminando 40 cuadras para volver al blog....seguiremos...