viernes, 7 de septiembre de 2012

un recorrido verborrágico



Hace un mes que no escribo en el blog. No es un mes sin helado sino un mes sin escritura. Han pasado muchas cosas, muchos manjares, conocidos y desconocidos. Comí reirteradas veces La Nonna Bianca en el trabajo, Freddo por donde quiera que ande y Persicco cuando pasaba por algún local.
La semana pasada, un amigo me dijo que estaba melancólico. Rasgo que creo que me caracteriza, no nostálgico sino melancólico. Ver el pasado y recordar, reír o incluso llorar. Mi sobrino mayor, que tiene 20 años, se acercó a mi nuevo trabajo. El objetivo: que se entrevistará con una compañera que estudio sociología para analizarla como posible carrera que sustituya la presente-arquitectura-. Luego, nos fuimos a almorzar. Charlamos de todo, de lo difícil que es decidir una carrera, de lo complicado que es no ganar un sueldo pero la importancia de estudiar si es que le gusta. Ese adulto alguna vez fue mi primer sobrino. Hace 20 años.  Cuando íbamos a almorzar detecté una heladería que no conocía frente al parque Lezama. Su nombre Florencia. Suponía que estaba cerrada por el horario. Decidí que en la semana volvería. A los pocos días fui. El jueves de la semana pasada. Para ir me desvié 5 cuadras de mi recorrido al colectivo. Estaba cerrada nuevamente. Caminé 8 hasta otro colectivo que me acercara a mi casa. Decidí bajar en un lugar para tomarme otro transporte, no sin antes caminar suponiendo que por la avenida José María Moreno y Asamblea debía haber un local. Caminé 10 cuadras y nada. De pronto recuerdo que había un Faricci cerca. Fui y elegí un vaso mediano. Cometí un error garrafal, un error de principiante. Pedir Dulce de Leche con Dulce de leche natural y bombones. Es un gusto que no puede ser comido sino se quiere morir de hipoglucemia. Chocolate blanco era su compañero. Ambos dulces a más no poder. Ambos hicieron que me empalague como nunca antes. Un vaso mediando de 18 pesos que no merecía ser comido.

El domingo salí con L a caminar por el barrio en busca del local que, vuelve loco a todos, Farmacity (uno entra a comprar algo y sale con dulces-uno entra con dolor de muela a comprar un calmante y sale con una golosina, ridículamente capitalista). Crucé la calle y fui a una heladería que solíamos ir mucho. Venezia (San Martín y Gaona) pero que dejamos de concurrir porque el heladero sistemáticamente me maltrataba y no era tan bueno como para pasar por esa situación. Pedimos un cuarto: dulce de leche granizado, chocolate blanco y frutilla a la crema. El recuerdo era peor el que gusto actual. A mi me gustó, a L no tanto. Por surte me lo comí casi entero. El dulce de leche era el mejor de los tres. Recomendable para los del barrio.
Martes de esta semana.  Cena en lo de Miri y Fer. 10 cuadras de casa por Honorio Pueyrredón. En el medio, a cinco, descubro que la heladería Berna-una histórica barata del barrio- no se llama más así sino Imperial. Entro para comprar y probar. Me atiende un flaco y le pregunto si cambiaron de dueño, me contesta que sí, “nos lo quedamos nosotros”. Me sincero y le pregunto quién es nosotros. Me contesta, los empleados. En ese mismo instante decidí que sea lo que sea lo voy a calificar bien. Medio kilo de dulce de leche granizado, mascarpone y chocolate blanco. Todos correctos. Muy barato, lo que lo hace más correcto. El dulce de lecha granizado, un poco dulce, sensación de arenoso, como eso que es dulce sin necesidad. Pero recomendable.




domingo, 5 de agosto de 2012

La Nonna Bianca. Un San telmo borracho

Semanas de nuevo trabajo y de esperanzas. San Telmo, a diferencia de Soldati, me puede dar una satisfacción diaria. Escaparme en el medio del trabajo a comer un helado, pensar y volver. Días movidos, termino de trabajar y muchas veces necesito caminar por la calle, ir pensando, dejar de pensar y volver a pensar. Fui en busca de una heladería de San Telmo que me había recomendado y que alguna vez ya había probado. Los artículos del diario la venden como la heladería de los gustos raros, la que tiene mate cocido, entre ellos. El frío me invitaba a pensar en comprarme un café y sentarme a leer. Eso hace la gran mayoría de las personas cuando el ambiente es gélido. Yo no iba a abandonar mi idea. Testarudo y fanático del helado. Me dicen. Llego a la Nonna Bianca.
Me atiende la que debe ser Bianca porque era una Nonna que no llegaba al mostrador y mostraba poca movilidad. Ya no como cuartos (en la calle) pero había almorzado poco, tenía hambre y encima de todo, valía 15 pesos. Me parecía un pecado elegir otra cosa, entonces, compré un pote de ese tamaño. Acelerado como estoy, antes de depositar el ticket en el mostrador donde me esperaba el que me iba a servir, le dije, eperame un segundo que es muy difícil, antes que me diga nada. Mi ansiedad está a flor de piel, en un lado la  niego y no le doy permiso, en otros es moneda corriente.
El título del post incluye la palabra borracho. Tiene un sentido. Hay muchísimos gustos que contienen alcohol: cerveza, fernet, pisco con limón, clérico, vino, dulce de leche con ron, entre otros. Uno de ellos tengo pedir, es obligatorio para entender el gusto. Elijo el dulce de leche con ron y pasas.
Agrego mate cocido y chocolate nonna bianca (blanco con frutos rojos). Me da una cuchara, al verla le pido otra porque desconfío de ese plástico. Salgo caminando, abro la puerta, pruebo y se me rompe, entro a pedir otra por las dudas. Mirá si me quedo en la mitad de la calle con helado pero sin cuchara, pienso. el heladero estaba lejos, me da lástima pero se la pido a la Nonna, a quien obligo a moverse. Me lanza una mirada fulminante.
Me voy caminando, llevado por el cansancio hasta alguna parada del colectivo que esté cerca al momento de finalizar mi vicio. El primer encuentro es el dulce de leche. Mucha presencia del ron y poca del dulce. Me invadía en cada cucharada. No me encanta. Recuerdo que la última vez, me pedí lo mismo. Caí dos veces en el mismo pozo.
El mate cocido, es raro. Es mate cocido helado. Muy original y fidedigno. Espectacular para la persona que le gusta esa infusión. Yo no soy habitúe de ella, pero sigo comiendo porque me seduce.
El chocolate blanco, normal, una crema con poco cacao.
Recuerdo el motivo por el cual comí helado, recuerdo el motivo por el cual elegí un cuarto, recuerdo que pagué 15 pesos. Me pongo contento. Como el helado, caminando por la calle en un estado de absoluta contradicción; me gusta/ no me gusta; visto una campera de plumas/como helado por la calle con el helado en mano.


Contacto: Estados Unidos 425.  San Telmo.

jueves, 19 de julio de 2012

Massera: como su nombre

Nuevo trabajo, me voy de Villa Soldati donde en dos años no pude encontrar una heladería, para Paseo Colón y Garay. Confianza que la cercanía al centro me deparará alguna heladería donde escapar de la vorágine laboral.
Caminando por Garay me encuentro con una marquesina que me lleva a los momentos de mi infancia, a sensaciones pasadas. Dice Massera, el nombre me parece repugnante pero entré. Poco marketing, cambiá el nombre en diciembre de 1983 o cerrá, pienso.
Pido un vaso mediano, dulce de leche granizado y chocolate blanco. El último es demasiado blando para que pueda ser servido, soy informado. Me pide cambiarlo. Elijo, mascarpone, en consecuencia.
Camino por la calle comiendo helado. Hablo con el amigo GW por teléfono.
Comí el helado por vicio. Comí el helado porque es helado o algo parecido, comí helado por esos días de porquería que anduvieron cerca.
En definitiva, la calidad es como el nombre: repugnante

domingo, 8 de julio de 2012

Saverio y una semana de locura

Semana de locura, cambios, propuestas, externalidades que hicieron que la panza marqué su territorio.
El viernes antes de una reunión, viendo en el celular que tenía 10 minutos más, recordé que a dos cuadras del bar a donde tenía que ir estaba Saverio. Bajé del colectivo, hice una cuadra para atrás (cosa que nunca hago, suelo bajar antes y caminar ídem) y compré un helado. Fui caminando hasta Acoyte y Rivadavia.
El primero del invierno. Comenzó el invierno. No es que es el primero que como desde el 21 de junio, sino que es el primero que como caminando por la calle con un frío que pela la piel.
Creo que habré sido el primero o único del día que entro al local. El frío se sentía de verdad.
Luego de preguntar por un par de sabores y probar el ristretto granizado (muy rico), pedí dos gustos conocidos. No estaba para innovar más de lo que la semana me solicitó. Dulce de lecha granizado y chocolate blanco escoces (con DDL natural).
Cuando el relleno del vaso mediano que compré entró a mi boca, recordé porque mucha gente recomienda esa heladería. El chocolate blanco escoces, no solo es uno de los mejores chocolates blancos que probé sino que su mezcla con el dulce argentino de cabecera lo hace especial.
Ese es el problema de elevar el estándar. Cuando el primer bocado la rompe, el segundo gusto debe pasar un filtro injusto. Es como los hermanos más chicos que quedan a la sombra de los hermanos más grandes que se portaban bien y sacaban buenas notas.
El dulce de leche granizado no logró tener ese efecto en mí, sin embargo era muy rico. Un gusto recordado, de Saverio, de infancia. No muy dulce, no muy amargo como los de antes. Un mix entre ambos, un gusto parecido a los modernos pero con una mezcla de los que sirven en los restaurantes.
Fui caminando, el frío me emocionaba. Comer helado en la calle en invierno me transporta.
Llegué a la reunión un poco más feliz. Pedí un té verde porque estoy nuevamente con síntomas de gastritis. Eso le dije al mozo.

contacto: http://www.saverio.com.ar/

Pd: Cones, I will go.

lunes, 2 de julio de 2012

martes, 19 de junio de 2012

Rialto, Quilmes

Este helado es fruto de la generosidad. Ahora explico el por qué. Dos amigos, hermanos a esta altura de la vida, Miri y Fer, tuvieron una cena en la casa de unos amigos de ellos en Quilmes. Luego de la cena que, según relataron, fue exquisita, se sentaron a comer el postre casero. De la conversación, surgió que hay una heladería que es super rica. En un acto de generosidad poca veces vista, agarraron el teléfono y llamaron para pedir medio kilo. Uds. se preguntarán: Había postre casero cocinado por el dueño de casa, ¿fueron tan  groseros de pedir igual? ¿solo dos cuartos para tantas personas? a todo les respondo, tomando prestadoas sus bocas, y digo NO. Lo que hicieron es pedirlo, ponerlo en el freezer, sacarlo del freezer, subirlo al auto, bajarlo del auto, ponerlo en el freezer de su casa, esperar una semana sin probarlo, sacarlo del congelador, subirlo al coche, traerlo a mi casa, ponerlo en el freezer y luego de la cena probarlo y comentar.
Dos cuartos de la heladería Rialto "Gelato de Alta Qualitá" según la bolsa, su página web y apuesto su marquesina.
Luego de una cena con recetas de Jamie Oliver, nos sentamos en el sillón a comer. Dos cuartos, seis gustos.
Comimos: dulce de leche, chocolate con naranja, maracuyá, Alfajor Havanna, Ferrero Rocher y Rafaello.

Todos los gustos eran de un nivel medio. Todos pesados, cremosos, los chocolates, si bien no me encantan, resaltaban mucho. El mejor el que era con naranja.
El DDL, suave, italiano. Creo que las heladerías italianas que intentes respetar su tradición no deberían hacer DDL.

Contacto: http://www.gelateriarialto.com.ar/  

viernes, 8 de junio de 2012